A medida que se avanza en el conocimiento de la medicina veterinaria, se incrementa
la
esperanza de vida de los animales. Por otro lado, los propietarios exigen cada
vez más,
nuevas técnicas de diagnóstico y nuevas posibilidades terapéuticas
asimilando la
medicina veterinaria a la medicina humana. Todo esto hace que los veterinarios
clínicos
tengan un alto número de pacientes de edades avanzadas en sus consultas.
(5)
Si a la mayor esperanza de vida de los animales unimos la prevalencia de aparición
de
enfermedades cardiovasculares que es importante y que aumenta con la edad, nos
encontraremos con un gran porcentaje de pacientes geriátricos, con alteraciones
cardiovasculares más o menos graves que debemos tratar para incrementar
su calidad de
vida tal y como demandan sus propietarios. (1,5)
El tratamiento dietético supone un factor esencial dentro de la terapia
global de
numerosas enfermedades y es de vital importancia para la estabilización
y
mantenimiento de los pacientes con insuficiencia cardiaca congestiva (ICC).
Además
las cuestiones relacionadas con la dieta son preguntas habituales de los propietarios
sobre todo porque consideran, con acierto, que los animales de mayor edad tienen
unas
necesidades nutritivas distintas al resto de animales en otros periodos de la
vida. (1,3,5)
Cuando la funcionalidad cardiaca es insuficiente o falla a la hora de cubrir
las demandas
orgánicas, se ponen en marcha múltiples mecanismos neuro-hormonales
compensatorios encaminados a mantener de modo inmediato o a más largo
plazo el
gasto cardiaco y las presiones sanguíneas arteriales en límites
normales, de modo que se
mantenga la perfusión orgánica y se cubran las demandas de nutrientes
y oxígeno.
Muchos de estos mecanismos involucran diferentes vías las cuales conducen
en última
instancia, a una retención de sodio y agua a nivel renal. (5)
Desde los primeros momentos del estudio de las enfermedades cardiacas, se ha
relacionado la incapacidad para excretar sodio con la gravedad de la insuficiencia
cardiaca, siendo por tanto, este factor un indicador de fallo cardiaco. (3,4,5,6)
Esta
incapacidad para excretar sodio se acentúa a medida que la enfermedad
progresa y
empeora. (4)
Por otro lado, un exceso de sodio en la dieta conduce a situaciones de hipertensión
arterial sistémica como ha sido demostrado en pacientes humanos, hipertensión
que
altera de modo secundario la funcionalidad cardiaca y la capacidad contráctil
del
miocardio. (3,5)
Sería fácil de entender de este modo, que una restricción
de sodio en la dieta es
necesaria para el manejo de esta enfermedad. Pero no es suficiente puesto que,
recordemos son pacientes con patologías cardiacas y con algún
grado de compromiso
visceral bien por la propia insuficiencia cardiaca o por la propia degeneración
senil de
los distintos órganos. (5)
Pasemos ahora a revisar algunas de las alteraciones que con más frecuencia
aparecen en
el curso de esta patología y en las que debemos pensar a la hora de diseñar
un regimen
dietético para nuestros pacientes.
La caquéxia cardiaca es un estado catabólico que aparece frecuentemente
en las fases
más avanzadas de ICC ya sea por insuficiencia valvular auriculo-ventricular
o por
cardiomiopatias tanto en perros como en gatos. Se describen muchos factores
que
contribuyen a la pérdida de masa muscular y entre ellos están:
(4,5)
v
El insuficiente aporte calórico por falta de palatabilidad de las dietas
hiposódicas.
v
Problemas congestivos a nivel gastrointestinal por el propio desarrollo de la
enfermedad o por compresión externa debida a la aparición de ascitis
severa.
Esto determina una malabsorción general por una insuficiente perfusión
sanguínea y por atrofia de las vellosidades intestinales.
v
Falta de apetito, que incluso en ocasiones llega a la anorexia completa. Se
pueden describir varias razones para explicar esta anorexia pero la más
importante es el mal estado general del paciente.
v
La hipoxia celular que se desarrolla por problemas de bajo gasto cardiaco y
mala
perfusión periférica.
v
Existe un cierto grado de hipermetabolismo por una mayor demanda energética
desde los tejidos cardiacos y pulmonares asi como por el estrés al que
está
sometido el paciente debido a su enfermedad.
Este estado de caquexia cardiaca tiene algunas consecuencias adaptativas como
son la
menor demanda de oxígeno por parte de la masa muscular, pero un aporte
insuficiente
de calorias puede alterar el estado inmunocompetente del animal, contribuye
al
desarrollo de hipoalbuminemias, dificulta la posibilidad de reparación
de los tejidos y la
capacidad de respuesta de los pacientes a los tratamientos médicos. (5)
Se ha hablado de la dificultad para eliminar sodio por parte de los animales
afectados
por ICC, revisemos cual es el origen de esta retención de sodio: (5)
v
Cuando aparecen situaciones de inadecuado gasto cardiaco, el organismo
responde con un estímulo simpático con el que se intenta compensar
de modo
inmediato la situación. Este estímulo simpático origina
una vasoconstricción
sistémica (aunque más acentuada en tejidos como la piel, sistema
gastrointestinal, bazo e hígado y menos en el sistema nervioso central,
riñón y
corazón) , un aumento de la frecuencia cardiaca y una liberación
de renina.
v
Si la situación se prolonga y no es compensable con el estímulo
simpático, se
ponen en marcha otros mecanismos neuro-hormonales como es el sistema
renina-angiotensina-aldosterona, que origina una más potente vasoconstricción
y
una liberación de aldosterona que a su vez produce una retención
de sodio y
agua a nivel renal.
Todos estos mecanismos conducen a un aumento de la volemia y por tanto de la
precarga que a la larga dificultan la funcionalidad cardiaca en mayor grado
y
contribuyen al desarrollo de derrames pleurales, pericárdicos, ascitis
y edemas de
pulmón. (5)
Algunas patologías cardiacas cursan con deficiencia en el aminoácido
taurina
fundamentalmente en los pacientes felinos. Esta deficiencia aparece cuando los
niveles
plasmáticos del aminoácido taurina están por debajo de
20 nmol/mL. En los gatos la
síntesis de taurina desde el metabolismo de otros aminoácidos
como la metionina o la
cisteina es mínima de modo que este nutriente se convierte en esencial
para estos
animales. La taurina juega un papel fundamental en la excitabilidad de membrana
de
modo que un defecto en este aminoácido cursa con alteraciones electrocardiográficas
y
disfunción del ventrículo izquierdo principalmente. (4,5)
A diferencia de los problemas caquécticos, la obesidad es un hallazgo
menos habitual
que impone, en los pacientes que padecen este problema, mayores demandas
metabólicas de oxígeno fundamentalmente a nivel cardiaco, lo que
afecta negativamente
a la hemodinámica general. En los estados de obesidad se ha observado
un exceso de
volemia, sobrecarga de presión y de volumen sobre el ventrículo
izquierdo y desarrollo
de cardiomiopatias dilatadas con arrítmias de diversa consideración.
Además este
estado predispone al síndrome de hipoventilación por obesidad,
estado que contribuye o
es complicante de la enfermedad de Cor pulmonale que cursa por fallo secundario
de la
porción derecha del corazón. (3,4,5,6)
Otra situación importante a tener en cuenta en algunas patologías
cardiovasculares es la
deficiencia de L-carnitina, aminoácido que se ha visto relacionado con
el desarrollo de
algunas cardiomiopatias dilatadas en razas como el Cocker spaniel y el Boxer.
(5)
De esta manera podemos definir los objetivos a cumplir mediante la administración
de
una dieta en los pacientes con ICC como los siguientes: (1,2,3,5)
v
Mantener el peso corporal (ayudando a equilibrarlo en situaciones de
sobrepeso).
v
Administrar los niveles adecuados de proteinas, vitaminas y minerales, para
evitar problemas derivados del déficit en alguno de estos nutrientes.
v
Limitar la administración de sodio.
Con estos objetivos lo que se pretende es enlentecer la progresión de
la enfermedad
cardiaca, mejorar la sintomatología clínica y disminuir la sobrecarga
de volumen sobre
el corazón. (4) Para ello un aspecto importante es el de intentar controlar
la magnitud de
los cambios compensadores que surgen en el curso de la ICC y que van a dar lugar
a la
aparición de los signos clínicos típicos de esta enfermedad.
(3)
En el curso de la enfermedad cardiaca, las necesidades calóricas se
hacen superiores de
modo que cuando los animales pierden peso debemos aumentar el aporte calórico
en un
25% o un 50% . (5) Las necesidades diarias de calorias en los animales enfermos
sin
caquexia manifiesta y con un cuadro de ICC compensada, están estimadas
entre 60-100
kcal/kg en pacientes caninos y entre 60-85 kcal/kg en gatos. (6)
En aquellas situaciones en las que el paciente enfermo presenta además,
un sobrepeso,
se debe tratar de equilibrar y solucionar ese problema, puesto que la obesidad
da lugar a
un aumento en las demandas metabólicas y a un aumento en el volumen sanguíneo
que
conduce a una situación de mayor demanda de gasto cardiaco unida a la
existencia de
una mayor precarga. Además como se ha comentado anteriormente, se ha
comprobado
que estados de obesidad predisponen al desarrollo de arrítmias y al padecimiento
del
síndrome de hipoventilación lo que complicaria aún más
todo el cuadro cardiovascular.
Se recomienda por tanto, incrementar el contenido en fibra de la dieta para
lograr ese
descenso progresivo en el peso del animal.( 3,4,5,6)
Para la mayoría de los perros y gatos, las fuentes de calorias preferidas
son los hidratos
de carbono de alta digestibilidad y en menor medida las grasas, aunque estas
últimas
contribuyen de modo importante en la palatabilidad del alimento. (4)
Si además los animales enfermos presentan algún grado de insuficiencia
renal o
hepática, debemos reducir el aporte de proteinas y elegir aquellas de
alta
digestibilidad. Los gatos tienen mayores necesidades proteicas que los perros
y la
redución en el contenido de proteinas aún en los casos de insuficiencia
renal no está
bien documentada. (3,4,5)
Se pueden administrar unos 6 gramos de proteinas de alta calidad (por ejemplo
las
procedentes de los huevos, carne de ave, queso fresco, etc...) por cada 150
kcal de
energia. (4) Esta cantidad es adecuada para los animales con ICC sin otra patología
complicante, en los casos de insuficiencia renal añadida, se debe disminuir
el aporte
proteico, es suficiente entonces una cantidad de proteinas entre 1.5-3 gramos
de
proteina por kg de peso vivo al día. (4) De cualquier modo conviene recordar
que si a
causa de la restricción proteica se desarrollasen signos de hipoalbuminemia
o pérdida de
peso, esta disminución se evitaría y pasariamos a administrar
una cantidad normal de
proteinas. (4,6)
Respecto a las vitaminas, debemos asegurarnos un correcto aporte de vitaminas
hidrosolubles del grupo B fundamentalmente, puesto que a traves de la diuresis
se
pierden muchas vitaminas hidrosolubles. (4,5,6) Si el paciente sigue una dieta
casera, es
recomendable suplementar la dieta mediante la administración de vitaminas
hidrosolubles a dosis de 1 gr/kg/dia. Los suplementos de vitaminas liposolubles
son
menos aconsejables por la posibilidad de toxicidad en las situaciones de exceso.
(4)
Algunas areas de investigación actuales, recomiendan el tratamiento
o el suplemento
con ácidos grasos omega-3 puesto que disminuyen la susceptibilidad al
padecimiento de
arrítmias cardiacas. Del mismo modo, se ha comprobado que las administraciones
de
vitaminas antioxidantes (como la vitamina C y la vitamina E) previenen la aparición
de
lesiones oxidativas a nivel de las células miocárdicas. (1)
Por último y dentro de este apartado de suplementos nutricionales, si
se ha demostrado
que existe un déficit en el aminoácido taurina, podemos suplementar
con 500 mgr/gato
cada 12 horas. Este problema ya está solucionado en las dietas comerciales
y en estos
casos no es preciso el suplemento. (3,4)
Dentro del aporte mineral, el ión más importante es el sodio,
después hablaremos de
otros como el potasio y el magnesio.
El sodio es el principal ión extracelular y forma parte del esqueleto
iónico de la matriz
extracelular.(2,5) Las mayores necesidades de sodio tienen lugar durante el
crecimiento
y durante los periodos de gestación y lactancia. Otras situaciones de
necesidad especial
de sodio son los casos de hiperadrenocorticismo, hipoaldosteronismo, polidipsia
psicógena, inadecuada secreción de la hormona antidiurética
o ADH, hiponatremia
esencial y en aquellos casos en los que la administración de sodio forma
parte del
protocolo terapeútico de disolución de los cálculos de
estruvita. (3,5)
De este modo las necesidades de sodio en los animales adultos pueden estar
correctamente cubiertas con dietas con 0.4% de sodio en materia seca (exceptuando
en
esas situaciones especiales) para evitar los efectos del consumo a largo plazo
de altas
concentraciones de sodio. (2,3)
La restricción de sodio es fundamental en cualquier dieta para el tratamiento
de ICC y
debe aplicarse a todas las fuentes potenciales de sodio. La restricción
de sodio también
debe aplicarse al agua de bebida sobre todo en aquellas zonas con más
sodio del
recomendable. (1,3,4,5,6)
El grado de restricción de sodio es variable en función de la
severidad de la enfermedad,
de modo que en los casos más leves una restricción media es suficiente
mientras que en
los casos graves la restricción deberá ser mayor. (1,4,5,6) Algunos
autores afirman que
en periodos tempranos de la enfermedad seria suficiente con evitar los premios
u otras
fuentes de sodio manteniendo la dieta regular de comida del animal. (6) Sin
embargo a
medida que progrese la enfermedad debemos incrementar la restricción
de sodio y en
estos casos no son adecuadas las dietas senior porque muchas de ellas tienen
bajo
contenido en calcio y proteinas pero aún tienen un alto contenido en
sodio. (4,6)
A modo orientativo, conviene relacionar el nivel de restricción de sodio
con la fase de
ICC según la New York Heart Association (NYHA). Así los pacientes
en fase II
requeririan una restricción moderada de sodio que sería de 100
mgr/100 kcal en perros y
150 mgr/100 kcal en gatos, mientras que los pacientes en fases III y IV requerirían
una
más severa restricción de sodio que sería de 25 mg/100
kcal en perros y 50 mg/100 kcal
en gatos. (4)
Otros autores prefieren hacer las restricciones en función del peso
del animal, de este
modo en las primeras fases sería suficiente con reducir a 15-25 mg de
sodio por kg de
peso vivo, en fases intermedias a 10-15 mg/kg y en fases más avanzadas
entre 4-10
mg/kg. (2,3)
Se ha visto que en muchos perros en fase II de ICC según la NYHA la
restricción de
sodio como terápia única, es suficiente para mantener a los pacientes
sin sintomatología
clínica durante mucho tiempo. (3) No debemos olvidar que los alimentos
humanos
añadidos fuera de la dieta habitual del animal, aún en muy pequeñas
cantidades, van a
proporcionar una elevada cantidad de sodio que desequilibra la dieta hiposódica
y
disminuye la eficacia de la misma. (2)
Son raros los casos de alteraciones electrolíticas en perros alimentados
con dietas
hiposódicas incluso si además, se administran diuréticos.
Sin embargo en los animales
con anorexia prolongada, especialmente en los gatos tratados con diuréticos,
es
frecuente observar hipocaliemias. (3,4,5,6)
Debemos prestar especial atención al ión potasio sobre todo cuando
administramos
diuréticos. Es por esta razón que las dietas diseñadas
especialmente para el manejo de
ICC contienen mas de un 0.7% en materia seca de potasio. De este modo y a pesar
del
uso de fármacos diuréticos y de fármacos inhibidores de
la enzima de conversión de
angiotensina que son medicamentos con posibles modificaciones en los niveles
del
potasio plasmático, no se observan cambios significativos en los niveles
de dicho ión en
los pacientes con ICC alimentados con este tipo de dietas comerciales. (3)
Por último, es fundamental la administración de las dietas hiposódicas
como parte de la
terapia global de ICC, pero mucho más importante es evitar la creación
de alteraciones
mayores a las que ya existen, de manera que no se debe dejar nunca a un paciente
en
tratamiento con diuréticos u otros fármacos sin comer porque no
le guste la dieta
hiposódica. En estos casos se puede ser menos severo en la restricción
de sodio para que
aumente la palatabilidad del alimento, de otro modo provocaríamos una
situación de
hiponatremia, hipocloremia, hipopotasemia y además, podríamos
alterar la
funcionalidad renal. (3)
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